El fin de las librerías con corazón

He dudado mucho en escribir este artículo…

Muchos conocéis mi historia.

Soy una madre de dos hijos que en 2010, cuando mi hijo mayor tenia poco menos de un año decidí emprender, en lo que más me gustaba, en mi nueva pasión. Quise realizarme, intentar conciliar la vida familiar con un trabajo que me llenase…

Mucho esfuerzo, mucha ilusión. Decidí invertir todos los ahorros en mi negocio, una empresa donde he puesto toda mi fuerza y energía, noches sin dormir, horas y horas de mi vida volcadas en mi trabajo. A veces incluso, sacrificando tiempo con mis hijos y mi familia, muy al contrario de la idea principal de poder estar con ellos y disfrutar al máximo de mi maternidad. He renunciado a mucho.

Pero ya no me siento con más fuerzas y creo que está llegando el final. Me duele, me da rabia, siento ganas de llorar, pero ante mi situación tengo que empezar a tomar decisiones.

Entiendo que la mayoría compremos en sitios como Amazon, Casa del Libro, Fnac,… Son grandes, ofrecen muchas ventajas. Si, no puedo competir con eso.

Yo solo soy una madre, con pocos recursos. Soy una persona que ha luchado por emprender, por sacar adelante una empresa que me ilusiona, que me llena… pero ya no puedo más.

Me entristece, pero no puedo seguir con esto. Trabajando horas y horas para nada.

Me da pena, y rabia a la vez.

Veo como cada día cierran pequeños negocios familiares, muchos de ellos compañeros, amigos… y eso me da que pensar…

Desde que un libro nace de las manos de un escritor, hasta que llega al público pasa por muchas manos, la editorial, la imprenta, el distribuidor… y finalmente el librero.

Los márgenes son ridículos.

He intentado hacerlo lo mejor posible, he puesto mi corazón y mi alma, pero no se hasta que punto se ha visto recompensado.

Agradezco infinitamente a toda esa gente que si ha creído en mí. Muchas personas han apostado por mi, por mi trabajo, lo han valorado. Mis clientes, muchos de ellos amigos…

He conocido gente preciosa, que se ha convertido en personas importantes para mí.

Las librerías especializadas tenemos un valor añadido, detrás hay una persona que conoce lo que hace, que puede recomendar, que te puede atender personalmente, no somos máquinas, no tenemos gran capacidad de recursos, pero somos humanos, personas que amamos lo que hacemos, mucho más allá del negocio. Estamos para ofrecer nuestros conocimientos, para asesorar, para escuchar, pero parece ser que eso no está lo suficientemente valorado.

Vamos a intentar sobrevivir este verano, hasta que pueda encontrar otra manera de no perder más dinero y más tiempo en algo que solo me genera deudas.

Siento no haber estado a la altura de los gigantes.

 

 

 

 

 

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